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miércoles, 14 de abril de 2010

Proto-agonista

   No el olor de la tierra mojada, sino el olor propio de una noche de sábado bañada por la amargura del vodka; o el vodka bañado por la amargura propia de una noche de sábado y aderezado por el olor intenso de la tierra húmeda; o, lo peor de todo, ninguno de estos olores. Ningún olor. Quizás el perfume dulzón de la madrugada, con el cual te vas a la cama, con sus sábanas húmedas, amargadas, propias de una noche de sábado, e intentas dormir en vano, barruntando si tal vez, a lo mejor, el próximo sábado conseguirás que el domingo amanezca con el dulce sabor amargo de una entrepierna húmeda susurrándote a los labios que las noches de sábado ya no son para ti, machote... que estás acabado.

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